El reencuentro

Paso el tiempo, y por diferentes cosas de la vida, no nos habíamos podido ver casi por tres meses desde la primera vez que nos vimos, mucha gente me decía que lo olvidara, que de fijo se estaba viendo con alguien más o que simplemente me tenía con como una opción alternativa y que él estaba valorando otras opciones para una posible relación, si embargo yo, que siempre fui necio, le seguía escribiendo con la misma naturalidad que siempre, y él me contestaba igual.

Pasaron los meses, hasta que un día me dijo que fuese a la casa de él a visitarlo y ver alguna película o alguna serie, y pues yo me aventuré sin conocer el lugar, para que sepan, no vive muy cerca de mi casa, así que el viaje duraba casi una hora, a eso se le debe sumar el hecho de que en los buses hacia su casa siempre van llenos, por lo que el camino se hace parecido al ir en una lata de sardinas y el bus se detiene a cada rato; para terminar con la odisea del viaje, por error me bajé una parada antes de donde tenía que haberme bajado, y mientras caminaba en la dirección correcta los nervios hicieron su inevitable aparición, todo me sudaba, pues en poco menos de dos minutos estaría con el hombre que en un beso me había hecho temblar, el estómago comenzó a dolerme y estuve a punto de dar marcha atrás, pero en ese momento, a lo lejos, vi su silueta donde venía a toparme y ya no había marcha atrás, ya estaba ahí.

Me saludó de una manera muy afectuosa, y en su cara se notaba la felicidad de haberme visto, eso me tranquilizó bastante, ahí mientras caminábamos en dirección de su casa, me comentó que no habíamos podido volver a salir porque su mamá había estado un poco enferma y entonces el se venía temprano a ayudarle con algunas cosas del quehacer cotidiano.

Llegando a su casa lo primero que noté es que estábamos solos, poco después de esto me confesó que todo había sido premeditado, así que nada de casualidad. Subimos a su cuarto y sin esperarlo me dio un beso largo y apasionado que me tomó por sorpresa, y aunque ya nos habíamos besado antes, este beso me hizo sonrojar; al igual que la vez que lo conocí el aroma que expedía era embriagador, la colonia más rica que he olido y que hora uso también.

Él me ofreció que me sentara mientras buscaba alguna película para ver, y he de confesarles a ustedes que la película que eligió era la más aburrida que he visto, pero aún así no dije nada y esperé a que se viniera a sentar conmigo, cuando empezó el filme, se sentó a la par mía en su cama; y yo, en un acto muy medido le dije que si le molestaba que me acostara, pues estábamos en su cama y me dijo que él también prefería ver tele acotado entonces que no había problema.

Como les conté la peli era bastante aburrida, pero el ambiente de la habitación era bastante agradable, era un segundo piso, con ventanas que dejaban entrar el viento a su gusto, las cortinas se levantaban dejando pasar los rayos del crepúsculo; casi era diciembre, entonces ya el sol empezaba a teñir todo con ese color tan característico que solo en los meses de verano en los países tropicales se puede apreciar , la tarde comenzaba a enfriar y la habitación no era la excepción al declive de la temperatura; de pronto él se acomodó mejor y me dejó su brazo para que me recostara, y así me mantuvo abrazado el resto de la película; cuando la misma terminó, se levantó a apagar el aparato reproductor y puede apreciar un mediana erección bajo sus jeans, y por lo que veía, el hombre estaba bien en esas proporciones, así que a mi miembro no le pasó tan desapercibida aquella escena.

Cuando regresó a la cama lo primero que hice fue darle un beso largo y jugar con mi barba por su mentón, y de vez en cuando le robaba un beso en el lóbulo de la oreja, lo que hacía que se le pusiera la piel de gallina,  y si se preguntan como estaban las cosas en la parte baja, pues bueno, mis sospechas se confirmaban, se notaba un miembro bastante grueso y que apuntaba hacia arriba con mucha fuerza entre el pantalón y el bóxer.

Por mi parte estaba exactamente igual que él, así que nuestras erecciones se rozaban con descaro y deseo y nuestras besos cada vez eran más intensos, reconozco que fui el primero en bajar las manos y acariciar su pene sobre el pantalón, pero él no tardó ni dos segundos en hacer lo mismo, aunque ahí me confesó que no había hecho nunca nada con un hombre, y pues he de confesar que yo tampoco.

Un poco tímidos, pero más que nada excitados, nos fuimos quitando la ropa, primero la camisa, él es moreno, flaco,  pero tenía el cuerpo marcado porque le gusta hacer deporte, en especial salir a correr o hacer alguna rutina de abdominales por cuenta propia, yo, blanco, delgado, con un cuerpo que pasa por normal, hasta hace poco empecé a ir al gym, por lo que en ese entonces no tenía abdominales marcados (aún tampoco, pero en eso trabajamos actualmente),  nos seguimos besando así, sin camisa, rozando los dos torsos y abrazándonos, y ahí descubrí lo bien que se siente la desnudez de otra persona a la esfera sensorial de mi propio yo.

Sin poder resistir más y guiado por un instinto que no sé de donde salió, le quite los pantalones; la cabeza de su pene se asomaba por encima del elástico del bóxer, así que no tardé en tomar el miembro entre mi mano derecha y comenzar a masturbarlo, él gemía un poco de placer y también un poco tímido, pero al poco de estar en esa tarea se relajó y me quitó mis pantalones con el bóxer al mismo tiempo.

Así comenzó una masturbación cruzada, yo a él y él a mi, mezclada de besos y abrazándonos ya no con ternura sino con pura lujuria carnal, nos besábamos el cuello, las orejas, los pezones, el bajaba hacia mi ombligo y luego subía haciendo un camino trazado con su lengua, luego yo hacía lo mismo, hasta que no resistí las ganas de experimentar algo completamente nuevo y en una de tantas veces no volví a subir a su parte superior, sino que decidí bajar más, hasta que roce con mi barba la punta de su erección. Pensé que iba a terminar pronto porque su cuerpo se estremeció al contacto, pero no fue más que la simple aceptación al placer de su cuerpo no tocado hasta ahora.

Así de la manera más sutil y natural lo atraje más hacia mi, saboreando su masculinidad, la cual no me pareció en lo absoluto desagradable, todo lo contrario, disfrute su sabor, su olor, su esencia. Así estuve un buen rato, mientras él solo dejando salir de su boca gemidos que me indicaban que mi trabajo estaba realizándose de buena forma, acariciaba mi pene con sus manos.

Ese día el no quiso hacer lo mismo conmigo, lo cual respeté, aunque me pareció muy raro; al final terminamos, vaciándonos uno encima del otro, y ya el reloj había marcado que habíamos estado en esa labor por espacio de dos horas y media, justo a tiempo, ya que cuando nos vestíamos llegó su mamá, por poco y nos encuentra infraganti, pero por dicha no pasó ni nos ha pasado hasta el momento.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

    1. alberto1217 dice:

      Gracias por leer Carlos, espero te sigas dando una vuelta por acá

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